Madre a los 18

Un día de Abril del año 2009 mi vida cambió por completo. Con tan solo 18 años, una visita al ginecólogo bastó para confirmarme que un ser crecía dentro de mi. Mientras todo mi alrededor, conocido, incluso personas ajenas comentaban las típicas frases cuando se enteran de que una niña esta embarazada, yo estaba rota.

Como la mayoría de mujeres que han vivido una situación parecida, niñas que lo han vivido hace poco o que incluso lo estén viviendo ahora, piensas que tu vida se a roto, que todos esos sueños o planes han llegado a su fin y solo ronda por tu cabeza en esos momentos las preguntas que se clavan en ti día tras día; ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Cuándo ocurrió? ¿Por qué te ha tocado a ti?… y un sin fin de preguntas que no tienen respuestas en esos momentos.

Yo estaba estudiando, yo tenía mis planes, mis proyectos, mis motivaciones e ilusiones, pero todo se rompió en pocas horas.

Recuerdo como se clavaba en mi la mirada de mi padre que jamás olvidaré, los nervios de mi madre, que aún siguen, (porque siempre me verá pequeña), el estado de shock de las personas que me querían, buscando una justificación a algo que no la tenía. Me sentía mal, muy mal, demasiado mal, cada noche a solas conmigo, lloraba sin parar, sin perdonarme el fallo que había cometido. Me atormentaba la idea de fallarle a mis hermanos, sobre todo a mi hermana que en esos momentos con tan solo 5 añitos era mi niña y sentía tener que compartirla. Cada vez que me miraba algún ser querido me arrastraba la pregunta de un; ¿Porque?

Durante los 7 meses restante mi vida era un túnel oscuro sin luz, cada vez mas frustrada y asustada, era un mundo salir a la calle, el vestirme, el pensar en el que dirán, como me verán y es que ni yo misma podía mirarme al espejo sin sentir pena por mi, sin llorar, sin perdonarme. En aquellos momentos era un ser humano que sobrevivía a la vida, no vivía la vida. A nadie le demostraba estos sentimientos, ese alma rota, no quería que nadie realmente supiera lo que sentía en mi interior, es cierto , que de todos mi madre es la que mas me veía sufrir, porque mi padre, se refugio en su sufrimiento sin demostrarle a nadie lo que cargaba, los dos hicimos lo mismo, no mas sufrimiento para la situación por la que pasaba la familia.

Aunque a día de hoy me cueste decirlo, el no tenerlo, se me paso infinidad de veces por la cabeza, el no tenerlo lo tenía grabado desde que me enteré y durante 7 meses día tras día se me venia el pararlo todo y acabar con la situación. En esos momentos no me sentía mal por ello, cosa normal porque, ¿Cómo voy a querer tener un bebé que dependa de mi, si yo en esos momentos dependía de mis padres? ¿Cómo tener que cuidar a un bebé si yo no sabía cuidar de mi misma?.

Todo esto me llevó a un estado depresivo, no sentía, no vivía, no pensaba, no había una ilusión en nada de mis días. Preparaba sus cositas y disfrazaba por fuera lo que sentía por dentro, cada risa ocultaba una lágrima, cada estado eufórico ocultaba una lucha con mi alma, cada conversación con alguien diciéndole algo bueno de mi situación ocultaba lo que deseaba gritar, tal vez cada uno de estos actos era para convencerme que todo aquello era algo bonito y que al final cada lamento y pregunta tendría su respuesta.

Como me partía el ver a mis amigas avanzando, cada día mas libres, mas ellas, con sus planes, sus viajes, sus idas y venidas en cada noche de sábado, ¡Joder, yo también quería vivir eso, yo también quería sentir esa libertad!, pero mi cuerpo tomaba forma de vida, mis días pasaban y lo único que avanzaba era mi bebé. Mi vida estaba parada.

Y así me fui tragando cada día hasta que llegó la noche en que conocí al amor incondicional de mi vida. Ese día estuve mejor que nunca, sin dolores, sin nervios, ese día tenía ganas de salir a la calle. En la tarde noche de un sábado 19 de diciembre llegaron todas mis amigas a verme, todas con los nervios de un sábado para marcar y vaya si se marcó. Cuando lean esto se enteraran que ese día me quedé destrozada, porque yo también quería y ansiaba esa noche con ellas, pero se y sentí que también me iba con ellas a pasarlo en grande y que en sus cabezas estaba yo. Recuerdo como entre risas me decían; -Esta noche no eh? – Vayas a parir esta noche. Y si esa noche fue.

En mis 6 horas de dolores y una epidural puesta en los empujes, llegó mi niño, mientras mis amigas tomaban, yo empujaba, mientras reían, yo lloraba. Pude sentir los nervios de mi familia, el dolor de un padre al ver a su hija dolorida y el sufrimiento de una madre, porque ella sabía a lo que me enfrentaba, se respiraba todos los sentimiento juntos habidos y por haber, cada uno en su sitio y viviendo lo que tocaba, y entre tanto sentir que nos da la vida, un llanto cambió las lagrimas de dolor por las alegrías.

Con la mirada clavada en la suya, me dí cuenta que llegó por algo, pero ¿Porqué? de nuevo esa pregunta que solo el tiempo te la responde.

Así termina un capitulo y empieza otro, estando el en el mundo y habiendo salido todo bien, empieza más fuerte que nunca tus frustraciones, tus miedos, ves que es real, que tu vida a cambiado, ves que empieza el significado que todas llevamos con orgullo el ser madres.

(Sé que muchas personas que leerán esto pensaran; «como si no supieras como lo puedes evitar», aunque a veces no importa la edad que tengas o la circunstancia por la que pases, hay veces que la cosa viene y viene, que viene para algo, está claro, pero llegan almas sin buscarlas a personas que necesitan aprender de algo, y pasa muchas veces, que llega lo que no buscamos como cualquier cosa que llega en esta vida.)

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